A la hora de elegir un vestido de novia son muchos los factores que pasan a formar parte de la decisión final, sin embargo, lo que priva al momento de la elección no es más que el estilo, es decir, lo que la novia quiere transmitir con él.

El vestido debe representar en lo posible a la novia en su personalidad, en su forma de ser. Una idea clara de los deseos de la novia representa un trabajo más seguro en el atelier, ya que, en la medida en que ella tenga definidos sus deseos, no existirán dudas respecto al aspecto que en definitiva tendrá una creación en particular.

Hay estilos tradicionales, románticos, sensuales, atrevidos, todo va a depender de la intención de la novia, de cómo quiere vivir ese día. Por supuesto, esta decisión influye en todo el evento, salones, decoración e incluso, si el evento será de noche o no.

Es común oír: “quiero un vestido con mucha caída, con una falda muy armada, con escote, con espalda descubierta, muy ligero…. En fin, son variadas las definiciones de modelos de trajes que expresan el estilo que la novia desea. En nuestra experiencia acostumbramos escuchar detenidamente a las novias para encontrar su perfil y su ideal de boda, para expresarlo de la mejor manera posible en su vestido.

Algo que ha marcado la confección de trajes de novias a lo largo de la historia son las telas con encaje y bordado. La posibilidad de bordar y crear figuras sobre telas para generar fantasías y añadirlas a cada traje, ha hecho que esta tarea sea una de las más solicitadas por las novias y forme parte del ideal del traje que vestirán el día de su boda.

Es una labor que aun hoy se realiza de forma artesanal, aunque existes posibilidades de acceder a bordados y encajes industrializados, pero, al detalle, nada como trabajar sobre la misma tela y al mismo tiempo, ajustarla al cuerpo de quien lo va a vestir. El resultado es verdaderamente sorprendente. Solo se requiere experiencia y paciencia.

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junio 5, 2018