Muchas parejas se sienten tentadas a darle un toque distintivo a su boda, pero hay que tener mucho cuidado cuando ponemos nuestros ojos en la música ya que, son contados los éxitos cuando para parecer innovadores o distintos, se cambia el protocolo y se sustituyen las melodías que por tradición representan al matrimonio.

Hay quienes asisten al acto eclesiástico, solo para esperar la entrada de la novia o el canto del Ave María, dos de los momentos que marcan la ceremonia, descontando por supuesto la salida de los nuevos esposos ya consagrados en matrimonio.

La marcha nupcial es la melodía que ancla y simboliza las bodas en buena parte del mundo. Es una obra del compositor alemán Félix Mendelssohn, compuesta en el año 1842 inspirada en la pieza Sueño de Una Noche de Verano escrita por William Shakespeare.

La realeza inglesa, nuevamente, viene a marcar la tradición en las bodas occidentales. Ya la reina Victoria había impactado con su vestido blanco el devenir de la historia. En esta oportunidad, su hija, la princesa Victoria, contraía nupcias y la famila,  gran admiradora de Mendelssohn, escoge esta melodía para que fuera interpretada al momento de ingresar la novia al altar del brazo de su padre. Fue tal el impacto de este momento que se convirtió en una tradición, hoy seguida en buena parte del mundo.

Fue en esa misma boda que la princesa selecciona otra obra de un alemán, en este caso Richard Wagner, para que fuera interpretada al momento de su salida del templo ya unida en matrimonio. La obra pertenece a la ópera Lohengrim de este afamado autor. Ambas composiciones se escuhan a diario en todo el mundo al celebrar un matrimonio.

Ahora bien, no siempre el Ave María es escuchada en las bodas, eso dependerá del gusto de los contrayentes. Sin embargo suele acompañar el momento de recogimiento de la ceremonia justo cuando se ofrece el pan y el vino para que sean consagrados.

El acto o ceremonia nupcial posee fuerza y trascendencia propia. En primer lugar es realizado a entera libertad por los contrayentes y no requiere más que su compromiso y fe puesta en el futuro. Por ello lo mejor es cumplir con todo su meticuloso e histórico simbolismo para entender su trascendencia. Igual que el vestido, el velo, diadema o ramo, todos forman parte de un conjunto de elementos que harán de ese, uno de los días más especiales en la vida de quienes asisten a él.

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marzo 14, 2018

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